El pavimento sostenible tiende a “cero” mantenimiento

Modificado por última vez en 04th, Mar 2019
Con la afirmación del título no estamos incitando al abandono de la infraestructura. Por el contrario, es un llamado a tener conciencia
sobre lo importante que puede ser en el ciclo de vida de un pavimento responder a las necesidades de mantenimiento, por lo cual las actividades deben ser eficientes y efectivas, además de oportunas.

Los trabajos de mantenimiento frecuentes y constantes producen alto impacto en los presupuestos de las agencias responsables de gestionar y garantizar la conservación de los pavimentos, eso sin contar los efectos y costos asociados a los cierres, cortes y desvíos que deben soportar usuarios y eventualmente los vecinos. Si estas operaciones de mantenimiento no se aplican en el momento justo y pertinente pueden dejar de ser efectivas, como ocurre con una llave defectuosa que deja gotear agua (recursos) permanentemente. También es importante dejar claro que la búsqueda de un mantenimiento mínimo no es sinónimo de despreocu- pación por el día a día de los pavimentos, sino que por el contrario invita a cuestionar precisamente que tipo de pavimento debería construirse desde un principio, y sobretodo que estándar se espera que proporcione el pavimento desde el comienzo y por toda su vida útil, lo cual seguramente debiera apuntar a una especificación mucho más cuidadosa respecto a lo que se pretende, de modo que asegure un pavimento más robusto y más durable. La idea es que, si se van a emprender labores de mantenimiento, es porque se tiene la certeza de que es una necesidad para asegurar la sostenibilidad de los atributos establecidos para la vida útil del pavimento. De otra parte, cuando hoy por hoy hablamos de sostenibilidad, nos referimos implícitamente al mejor manejo posible de los recursos y al menor impacto con nuestras acciones. Traducido al caso específico de los pavimentos, debería corresponder en lo posible al máximo balance económico en los costos durante el ciclo de vida del proyecto, la menor afectación a los usuarios y la comunidad vecina a las obras por intervenciones que son invasivas, costosas y a veces ambientalmente impropias. Por lo tanto, la pregunta es por qué se persiste en un modelo de pavimentos de estándar y costo inicial bajo, sabiendo que a la larga no resultan lo más económico para la administración ni son apreciados por quienes deben sufrir frecuentes malestares con las intervenciones; además, durante la mayor parte de su vida útil el pavimento no responde a lo que debería ser en términos de transitabilidad y confort. De otra parte, lo habitual es que las intervenciones y actividades de mantenimiento o de rehabilitación, en las que con seguridad habrá que incurrir por efecto de los bajos estándares y costos por los que se apostó, impliquen obras que tengan de nuevo un uso intensivo de materiales y recursos energéticos. Entonces la pregunta sería: ¿por qué no apostar desde el comienzo por un pavimento mejor? Con ello apuntamos a un pavimento que, desde su construcción, dure lo que tiene que durar, que sea sostenible y que tienda a requerir un mínimo o, por qué no, un “cero” mantenimiento.

Buenas prácticas de construcción y mantenimiento


Pensando en la posibilidad de un “cero” mantenimiento, construir el mejor pavimento posible en términos de calidad se basa en el principio de la implementación de buenas prácticas de construcción y mantenimiento. Las probabilidades de obtener un pavimento durable pensando en la posibilidad de “cero” mantenimiento aumentan en la medida que la construcción respete lo especificado por diseño, que se utilicen materiales adecuados y correctamente aplicados, y que se implementen procesos que aseguren los mejores estándares de calidad a través del buen uso de los equipos y herramientas; además, está la capacidad y experiencia del personal relacionado directa e indirectamente con la obra. En esta misma línea también es importante asegurar procesos de mejoramiento continuo que faciliten identificar y corregir los problemas existentes en los distintos tipos de obra, como también la capacidad de optimizar los procesos con miras a alcanzar altos rendimientos y ahorros económicos, sin comprometer la calidad del producto terminado. En aeropuertos, por ejemplo, ante las escasas y reducidas ventanas para intervenir un pavimento, se opta por estructuras robustas, que tiendan a exigir la mínima intervención para mantenimiento. Pero si la intervención es inevitable e ineludible y se conoce con certeza lo que hay que hacer, deben programarse el momento justo y oportuno para ejecutarla y el desempeño que la solución tendrá en el tiempo. Lo anterior solo es posible con la implementación de conceptos de buenas prácticas. La implementación de una política y procesos de construcción basados en buenas prácticas aumenta la capacidad del pavimento para dar la mejor respuesta ante las solicitaciones, reduciendo con ello el deterioro, mientras que prácticas inadecuadas de construcción y mantenimiento generarán un escenario mucho más demandante de intervenciones y recursos.



Mantener no es malo, lo malo es no saber cuándo es conveniente y óptimo hacerlo


Aunque el presente artículo postula la idea de buscar un mínimo mantenimiento, incluso un mantenimiento “cero”, es importante recalcar que ello no implica desatender las potenciales necesidades de la infraestructura sino que, por el contrario, se trata de ser oportunos y eficientes cuando hay urgencia evidente de mantener y rehabilitar un pavimento. Lo lógico sería apuntar, además, a minimizar la necesidad de intervención, de modo que cuando efectivamente se requiera, se programe y ejecute en los momentos más convenientes tanto para la entidad responsable de la infraestructura como para los eventuales afectados por tales actividades, con lo cual se esperaría la optimización de los recursos y mayor posibilidad de sostener por largo tiempo la condición óptima del pavimento. El saber cuándo hacer mantenimiento en determinado lugar de un tramo o red, o cuándo hacerlo en exceso (o innecesariamente), aumenta las oportunidades para otros tramos o caminos de una red. Lo ideal sería encontrar el equilibrio entre lo que se invierte en construcción y lo que se consume en mantenimiento.

La sostenibilidad incluye el impacto a los usuarios


La importancia que tienen en la actualidad el usuario y la población que puede ver afectada su actividad normal por cierres frecuentes y repetidos a causa de labores de mantenimiento o de rehabilitación, hacen que la decisión de la frecuencia óptima y aceptable de mantener –o de llegar a una política de “mantenimiento cero”– es definitivamente una variable que puede ser el principal factor que determine cómo hacer las cosas, dado el impacto económico que representa considerar entre los costos y las decisiones, la conveniencia de construir carreteras con materiales de mejor estándar que aseguren mayor durabilidad. Las exigencias del mundo moderno en materia de temas sostenibles –como la regulación en el uso y explotación de materiales vírgenes, el manejo de recursos energéticos, los potenciales niveles de emisiones y el efecto invernadero, entre otros– han llevado a la necesidad urgente de dejar de plantear la realización de intervenciones posteriores a la construcción, por lo cual las decisiones deberían dejar de buscar el mínimo costo directo inicial. Por el contrario, deben exigir estudios y proyecciones certeros que incluyan el análisis del ciclo de vida.

¿Cuál es el pavimento "sostenible"?


Ante la pregunta sobre cuál debe ser considerado el pavimento “sostenible”, la respuesta debería ir más allá de los planteamientos típicos que aparecen ante este tipo de cuestionamientos, siendo el punto de partida el contexto y las necesidades que exige la infraestructura a construir y a mantener, en este caso el pavimento, para luego orientar las decisiones sobre las características estructurales y funcionales que el mismo debe guardar y cumplir. Sin regresar a las controversias históricas sobre las bondades o las desventajas del concreto y otros materiales, ampliamente discutidas y comentadas, en el momento de decidir sobre las obras y material a emplear vale la pena considerar cual sería el estándar asociado recomendable a adoptar para una carretera teniendo en cuenta su importancia relativa, su solicitación por tránsito y, desde luego, la disponibilidad presupuestal, para la totalidad del ciclo de vida del proyecto, en vez de seguir la costumbre de basar la decisión final en una valoración meramente presupuestal, es decir, en el costo directo inicial. Una adecuada definición del proyecto que garantice adecuados estándares y mayor probabilidad de desempeño óptimo del pavimento, siempre implica evaluar y estudiar las alternativas disponibles, sin dar por descontado y apriori que un material o proceso constructivo es más barato o más conveniente, lo cual puede ser cierto en algunos casos, pero cuando no es así se restan posibilidades de mayor competitividad y se aumenta el nivel de incertidumbre sobre lo que va a suceder en el largo plazo. Por lo tanto, evaluar el costo del ciclo de vida propiciará, según el caso, el tipo de infraestructura a construir y mantener, ayudará a decidir el estándar y las especificaciones de construcción y mantenimiento futuro, de modo que sean consistentes y coherentes en presupuestos y capacidad de respuesta ante las necesidades de inversión. Una vez conocidos y evaluados todos los escenarios presupuestales y de flujo durante el ciclo de vida será posible decidir con objetividad si es viable una política sostenible de “mantenimiento cero”.

Sin innovación no hay un camino para alcanzar la sostenibilidad de los pavimentos Un punto importante dentro de la búsqueda de pavimentos más sostenibles que exijan menor manteni- miento, está asociado con el compromiso y el respaldo a la innovación tecnológica, que en nuestros países enfrenta obstáculos a la implementación y desarrollo de soluciones que contribuyan a este objetivo. En este sentido, la dificultad no radica tanto en las posibilidades de innovar tecnológicamente, pues existen el potencial y la capacidad de gestar desarrollos; el problema es la falta de respaldo institucional y normativo a quienes se atreven a asumir el cambio. Las entidades deberían modificar sus paradigmas y salir de zonas de confort para que abran la puerta a innovaciones que generen posibilidades a una infraestructura sostenible. Es necesario superar la barrera permanente que enfrentan las innovaciones que –aunque han sido probadas técnicamente y han demostrado sus beneficios en la optimización de rendimientos y reducción de costos– pueden enfrentar prolongados procesos burocráticos antes de ser aceptadas. El desafío es, entonces, dar más apoyo a las iniciativas de investigación, de modo que aumenten sus probabilidades de ser aceptadas y adoptadas dentro de plazos razonables.

Tomado de la revista noticreto

Deja un comentario